Reescribir la historia del pensamiento requiere entender el caos del cual nació. René Descartes (1596-1650) no fue solo un académico de biblioteca; fue un hombre que vivió en una Europa sacudida por la Guerra de los Treinta Años, un conflicto tan devastador que se asemeja a una «Guerra Mundial Cero». En este contexto, donde los intereses políticos desplazaron a la fe y las certezas tradicionales se desmoronaron, el filósofo se propuso una misión radical: reconstruir el conocimiento sobre cimientos indestructibles en base a la duda metódica.
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La demolición constructiva: El método
Para comprender su legado, debemos responder a la pregunta central: ¿Qué finalidad tiene la duda metódica en la filosofía de Descartes? Lejos de ser un síntoma de inseguridad o un escepticismo vacío, la duda cartesiana funciona como una herramienta quirúrgica.
Su objetivo no era dudar por dudar, sino poner en «cuarentena» cualquier creencia que presentara la más mínima sombra de incertidumbre, desde la fiabilidad de nuestros sentidos hasta las verdades matemáticas más abstractas. Descartes incluso propuso el experimento mental de un «genio maligno» dedicado a engañarnos, forzando así a la razón a buscar una verdad que resistiera cualquier ataque lógico.
El hallazgo de la primera certeza
Al «tocar fondo» en este proceso de duda total, Descartes halló un punto de apoyo inamovible:
«Podía dudar de lo que veía o tocaba, pero no podía dudar de que estaba dudando. Y si dudaba, estaba pensando; por lo tanto, existía».
Este razonamiento culmina en su sentencia más famosa: «Cogito, ergo sum» (Pienso, luego existo). Esta verdad es tan sólida que ni el más astuto de los engañadores podría invalidarla, estableciendo que la razón es una fuente de conocimiento mucho más fiable que la experiencia sensorial.
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El Manual de la Razón Moderna
Descartes no se detuvo en el «Cogito». Como padre del Racionalismo, diseñó un sistema basado en cuatro reglas de oro para garantizar que el pensamiento no volviera a extraviarse:
- Evidencia: No aceptar jamás nada como verdadero si no se presenta de forma clara y distinta a la mente.
- Análisis: Dividir cada problema complejo en tantas partes pequeñas como sea posible para resolverlas mejor.
- Síntesis: Reconstruir el conocimiento de forma ordenada, ascendiendo desde los objetos más sencillos hasta los más complejos.
- Revisión: Realizar recuentos y revisiones integrales para asegurar que no se ha omitido ningún detalle en el proceso.
Un puente hacia la modernidad
La implementación de este método marcó el fin del pensamiento medieval dominado por la fe ciega y el dogma religioso. Al priorizar el pensamiento crítico y la estructura científica, Descartes nos entregó las llaves del mundo moderno, donde la duda no es un callejón sin salida, sino la puerta de entrada a la verdad.
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