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Del Desierto al Mundo: El Origen de un estilo único
Todo comenzó en la península arábiga.
El arte islámico nació y creció de la mano de una nueva fe fundada por Mahoma en el año 632. No se quedó quieto: tras la muerte del profeta, se expandió a toda velocidad por Oriente Medio, el norte de África y llegó hasta la Península Ibérica.
Pero no fue solo una expansión religiosa.
El arte funcionó como el «pegamento» que unía a todas estas culturas bajo una misma identidad. Fue el vehículo perfecto para llevar su mensaje a nuevos territorios.
Lo curioso es que es un arte con reglas muy claras.
Al estar prohibido representar figuras humanas o divinas, los artistas tuvieron que reinventarse. ¿El resultado? Un estilo increíblemente creativo basado en la geometría (lacería), las formas vegetales (ataurique) y la belleza de la escritura (caligrafía con frases del Corán). Además, fueron muy listos: supieron mezclar sus ideas con lo mejor del arte romano y bizantino.
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Arquitectura Inteligente: Belleza que desafía la gravedad
Como no podían pintar santos ni profetas, volcaron todo su talento en la arquitectura. No buscaban construir edificios gigantescos para impresionar por fuera, sino crear espacios interiores que te dejaran sin aliento y te invitaran a la espiritualidad.
Usaban materiales humildes como el ladrillo y la madera, pero con un propósito genial: mantener las estancias frescas ante el calor. Al no usar materiales pesados de piedra, podían sostener los techos con columnas y pilares muy finos y elegantes.
Si miras hacia arriba en estos edificios, verás bóvedas y cúpulas espectaculares, muchas veces decoradas con mocárabes. Imagina prismas de yeso o madera colgando del techo como si fueran estalactitas geométricas. Y, por supuesto, no podemos olvidar su firma personal: el arco de herradura, aunque también usaban arcos apuntados y lobulados que se hicieron muy famosos en Al-Ándalus.
Todo esto se remataba con paredes cubiertas de estuco, azulejos y mosaicos llenos de patrones infinitos.
Mezquitas y Palacios: El Cielo y la Tierra
La arquitectura se dividía básicamente en dos mundos: el religioso y el civil.
El edificio sagrado por excelencia es la mezquita. Su diseño es rectangular y tiene dos partes clave. Primero, un patio abierto (el shan) donde está la fuente para purificarse y el alminar, la torre desde donde llaman a la oración. Segundo, la sala de oración cubierta (el haram), donde todos miran hacia un muro especial llamado quibla, que apunta a La Meca.
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